Las seccionales son el 29 de noviembre. La campaña oficial dura catorce días: del 12 al 26. El silencio, del 27 al 29. Todo lo demás —lo que ya circula en TikTok, en reels, en un live de las diez de la noche— no es campaña para el calendario. Es el problema.
El Consejo Nacional Electoral anunció que, por primera vez, va a controlar las redes sociales como espacio de publicidad electoral. Se apoya en la sentencia 111 del Tribunal Contencioso Electoral, de mayo de 2024: si una publicación, por contenido, contexto y finalidad, busca mover la voluntad popular a favor o en contra de una candidatura, es publicidad. Aunque nadie la haya pagado.
José Luna, coordinador de fiscalización del CNE, lo dijo con una precisión que conviene no perder: el foco inicial son los candidatos al Consejo de Participación Ciudadana. Si en esas mismas plataformas aparece otra infracción —precampaña, violencia política de género— también se puede sancionar. La red no es un fuero.
Hay contacto con la Contraloría para que no se usen recursos públicos en la promoción, y un contrato de monitoreo sobre más de 300 medios y redes. Quien cubra solo el aviso rotulado va a cubrir el residuo: la precampaña emocional ya corre antes del 12 de noviembre.
El CNE llega a las redes con un calendario de catorce días de campaña. El formato que ya circula —reels, lives, cortes sin rótulo de pauta— no espera ese reloj. Cubrir solo el tramo oficial es cubrir el residuo. El desfase no es un juicio al organismo: es el hueco entre la norma que empieza en noviembre y el encuadre que ya está en el aire.
