Colombia: el debate se fue al live

by Redacción · 28 de agosto de 2026

El 30 de mayo de 2026, más de 250 mil personas se conectaron al mismo tiempo a un espacio que no era un noticiero ni un debate de canal. Era una conversación entre el streamer Westcol y el candidato Abelardo de la Espriella.

Por primera vez en décadas, la campaña presidencial no tuvo debate entre los punteros. Ese hueco lo llenaron lives y streams. La Universidad del Rosario, con Sandra Botero, lo llamó reverse agenda-setting: el candidato le habla primero al influencer; el medio tradicional cubre después.

El fenómeno nació casi exclusivo de las candidaturas de derecha y, en junio, lo adoptó también Iván Cepeda.

Al mismo tiempo, la Misión de Observación Electoral midió 2.716 millones de pesos en pauta de Facebook e Instagram entre enero y marzo. El dinero no predice el alcance. Pilar Acosta lo resumió: en redes se va a entretener; la política llega por accidente. Solo lo que provoca, interrumpe.

Brasil, en paralelo, obligó a rotular el contenido sintético de IA y prohibió deepfakes nuevos 72 horas antes de la votación. Ecuador entra ahora, con seccionales, a fiscalizar redes por primera vez. La pregunta regional es la misma: ¿quién pone el atril?


En Colombia, el atril del debate entre punteros no se instaló. El live lo sustituyó: primero el streamer, después el noticiero. El formato invirtió la agenda. El contraste con el calendario ecuatoriano —catorce días de campaña territorial— no es un veredicto político: es la misma pregunta de oficio, ¿quién pone el atril cuando el reloj legal es tan corto?

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