Sin pauta: el feed que se puede usar pero no comprar

by Redacción · 20 de octubre de 2026

La campaña por el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) se juega en un terreno raro: el candidato puede publicar, pero no puede pagar para que lo vean. El Consejo Nacional Electoral (CNE) ejecuta un monitoreo de redes sociales específico para los 65 aspirantes al CPCCS, con el objetivo de identificar el posible uso de recursos privados y la participación de servidores públicos o de organizaciones políticas en su promoción.

La regla cabe en una frase del presidente del CNE, José Cabrera: «Los candidatos pueden informar y hacer proselitismo, pero sin usar recursos económicos que reciban (de actores privados) ni por erogaciones de los mismos candidatos». El coordinador de Participación Política, Marco Peña, precisó que pueden usar las redes, pero un posible financiamiento privado configuraría una causal de descalificación.

El kit de mensajes viene de fuera. El reglamento del CNE dispone que estos candidatos únicamente usen los productos comunicacionales producidos y autorizados por el organismo, que no podrán ser mutilados ni alterados. Esas piezas ya tienen turno: el 16 de octubre se sorteó el orden de grabación y pautaje en medios de las 65 candidaturas, y Cabrera ofreció «el mismo alcance, frecuencia y cantidad de emisiones» para todas.

Debajo hay dos fallos que tiran en direcciones distintas. El Tribunal Contencioso Electoral dictaminó en mayo de 2024 que las publicaciones en redes cuyo contexto y contenido busquen movilizar la voluntad popular a favor o en contra de una candidatura son publicidad electoral. Y la Corte Constitucional, en un fallo del 29 de agosto de 2024, dejó a ciudadanos, organizaciones sociales y candidatos libres para organizar eventos, pronunciarse en redes u organizar debates. El contraste con la otra papeleta es nítido: para alcaldías y prefecturas, Cabrera admitió que «los contenidos en redes sociales no podemos monitorear, porque la ley no las contempla».

Para el oficio, es una campaña sin amplificador pagado: el alcance tendrá que salir de la pieza oficial bien recortada, del video propio sin producción comprada y de la conversación que otros quieran sostener por su cuenta. Quien convierta un material que el CNE reparte en igualdad de condiciones en algo que la gente quiera compartir tendrá ventaja sin gastar un centavo. Y la frontera entre el entusiasmo espontáneo y la amplificación coordinada se leerá en la forma de cada publicación: quién la firma, quién la empuja y cuánto se parece a las demás.

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